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'Pasolini': El arte que imita al arte

Sinopsis
Un día, una vida. En Roma, la noche del 2 de noviembre de 1975, Pier Paolo Pasolini es asesinado. Pasolini es el símbolo del arte que lucha contra el poder. Sus escritos son escandalosos, sus películas son perseguidas por los censores, muchas personas lo aman y muchas lo odian. El día de su muerte, Pasolini pasa sus últimas horas con su querida madre y después con sus queridos amigos, y finalmente se lanza a la noche en busca de aventuras en la Ciudad Eterna. Al amanecer, Pasolini es hallado muerto en una playa de Ostia, en las afueras de la ciudad.

Ficha Técnica
Países: Francia, Bélgica e Italia
Año: 2014
Duración: 87 min.
Género: Biopic, drama
Dirección: Abel Ferrara
Interpretación: Willem Dafoe (Pier Paolo Pasolini), Ninetto Davoli, Riccardo Scamarcio, Valerio Mastandrea, Adriana Asti, Maria de Medeiros
Guión: Maurizio Braucci; basado en un argumento de Abel Ferrara y Nicola Tranquillino
Producción: Fabio Massimo Cacciatori y Thierry Lounas
Fotografía: Stefano Falivene
Montaje: Fabio Nunziata
Diseño de producción: Igor Gabriel


Crítica
El Coliseo Cuadrado, en Roma, dedica en su fachada unas palabras al pueblo italiano, un pueblo de artistas, poetas, héroes, navegadores, pensadores, científicos y santos, convirtiéndose, casi de manera inconsciente, en un monumento alzado en defensa de la cultura de todo un país. Atrás quedan ya los años en que Mussolini encargase su construcción, en que se convirtiera en un icono del fascismo.

Así, con esta contraposición de ideas, presenta y culmina Abel Ferrara su particular retrato de uno de los más grandes cineastas de la cinematografía italiana, Pier Paolo Pasolini. Un edificio que representaba, al menos en sus comienzos, una ideología totalmente contraria a la que el cineasta defendía. Y una historia, la suya propia, que transcurriría marcada por la anécdota de que su propio padre había salvado al mismísimo dictador de morir en un atentado.

Pero más allá de esta doble paradoja socio-cultural, lo que Ferrara busca también es la provocación. Porque Pasolini era un director arriesgado, subversivo, provocativo hasta el exceso. Y el encargado de “Teniente corrupto” busca provocar y arriesgar con su nuestro trabajo. Su “Pasolini” no es un biopic al uso, no recoge la vida de su protagonista, sino que se hace eco de las últimas horas de vida del maestro, sus últimas entrevistas, en las que hablaba precisamente de los peligros del fascismo. Así, su película no se limita a mostrar una vida que bien daría para una serie de filmes, sino que trata de plasmar en imágenes las inquietudes del escritor y poeta, lo que le pasaba por la cabeza al realizador, enfrascado por aquel entonces en el doblaje al francés de su obra más transgresora, “Saló y los 120 días de Sodoma”.

Pero todo riesgo tiene un precio. Y es que Ferrara cree que homenajear consiste en mirarse al ombligo, y pretende convertirse en el reflejo contemporáneo del personaje al que retrata. Se mete en su mente y fantasea con ofrecernos en imágenes la que podría haber sido su siguiente película, o con mostrarnos cómo él mismo habría rodado sus fantasías y relatos, con toda la violencia gráfica y explicitud sexual de las que hacía gala Pasolini. Trata de emularle en un ejercicio de soberbia y lo que le queda es una propuesta para unas minorías pertenecientes a clubes muy selectos, tediosa y aburrida.

Y lo peor, que se queda a medias en su retrato. Ni emociona ni se convierte en un retrato acertado del artista, no consigue acercarnos a él.  Retratar a Pasolini a través de sus palabras y convirtiendo en imágenes sus fantasías y pensamientos es quedarse muy corto.  “Pasolini” es un homenaje ensimismado al que parece que le falta metraje. Dura ochenta minutos y parece que dura el doble, y aún así parece un montaje final cortado.  Lo único salvable de ella es el trabajo de Willem Dafoe, metido en la piel de su personaje a pesar de su marcado acento inglés de Wisconsin –algo que la versión italiana intenta remediar doblando al actor con la voz de otro intérprete italiano, siendo el resultado aún peor-, en un ejercicio  de imitación del artista muy convincente. Pero incluso en este aspecto este proyecto es un ejemplo de arte que imita al arte.

NOTA: 2.5 sobre 10


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ESCRITO POR Gerardo Medina Pérez

Colaborador de Much Cine. Devorador empedernido de joyas, algunas no muy relucientes, del séptimo arte. Lo mismo me puede gustar El padrino que Payasos asesinos del espacio exterior

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